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30-ene.-2026, viernes de la 3.ª semana del T. O.

Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura.

Nuestro último día laboral y, a la puerta de terminar nuestro primer mes del año, solamente tenemos palabras de agradecimiento por lo que ha sido este mes. Hemos encontrado algunos obstáculos, ya sea por enfermedad, por dificultades personales, familiares o de trabajo; pero todo lo vamos superando, porque confiamos y esperamos en ti. 

No decae nuestro optimismo ni la esperanza de que tú nos ayudarás y tendremos la felicidad plena y verdadera. Hoy nos lo demuestras en estas dos hermosas parábolas: tenemos la paciencia del sembrador, que echa semilla en tierra y esta va creciendo sin que él se dé cuenta; de igual manera, la parábola de la semilla de mostaza, que se vuelve un arbusto en el que anidan los pajarillos. Así de grande tiene que ser nuestra fe para ver que ella va creciendo en los corazones de cada uno de nosotros y es una fe que va dando frutos abundantes y duraderos. Gracias, Señor, porque también somos invitados a sembrar la semilla de la fe, la esperanza y la caridad. Por este primer mes de nuestro año te amos. Gracias, Señor, por todo lo vivido y compartido. A ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. 

Un muy feliz y productivo viernes. 

PALABRA DEL PAPA

 A través de imágenes tomadas del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio de la Palabra y del reino de Dios, e indica las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso. (…) La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios.  (Benedicto XVI - Ángelus, 17 de junio de 2012)

ORACIÓN 

Jesús, hoy descanso en la certeza de que tu Reino crece sin estruendo, como la semilla que germina mientras el sembrador duerme. Gracias por recordarme que no todo depende de mi esfuerzo, sino de tu mano victoriosa sobre mi vida, que trabaja aun cuando mis ojos no ven resultados inmediatos. Enséñame a esperar con paciencia y a confiar en que, en tu tiempo perfecto, harás grandes obras en mi vida. Amén.

Reflexión del evangelio (Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo)

¿Alguna vez te has sentido frustrado porque sientes que tus esfuerzos no dan frutos inmediatos o porque las cosas no avanzan al ritmo que tú quieres? Jesús nos explica en este Evangelio que el Reino de Dios es como la imagen de alguien que siembra una semilla y luego sigue con su vida, durmiendo y despertando, mientras la semilla brota y crece sin que la persona sepa cómo.

Es el recordatorio que nos hace Jesús de lo importante que es soltar el control y dejárselo todo a Él. A veces nos desgastamos intentando que todo suceda ya, en el momento que nosotros queremos, pero debemos saber que hay procesos espirituales que solo Dios maneja. El tiempo de Dios es diferente al nuestro. 

Nuestra tarea es sembrar lo bueno, con confianza, el crecimiento es un misterio que sucede en silencio, incluso cuando no estamos mirando o llega a ser algo que quizá ni alcancemos a ver. 

Lo que Jesús nos quiere decir es que la vida espiritual es una fuerza silenciosa, pero imparable. Vivimos apurados, pero la naturaleza y la gracia tienen su propio tiempo. Si hoy sientes que lo que haces es poco o que tus oraciones no tienen respuesta, descansa en esta promesa. 

Dios está trabajando en lo secreto, en el silencio de la tierra de tu corazón, preparando una cosecha que te va a sorprender. Al final, se trata de empezar con poco, aunque sea del tamaño de una semilla de mostaza. Si se lo entregamos a Él, te sorprenderá lo grandioso que puede llegar a ser.  

Pregunta:

¿Confío realmente en que Dios está obrando, aunque yo no lo vea ni lo sienta?

No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo cosecharemos, si no desfallecemos (Gálatas 6,9).
Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.