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5-jul.-domingo de la 14.ª semana del T. O.

Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva

Ha pasado nuestra primera semana de julio. Hoy es un buen momento para darte gracias por lo que hemos podido realizar y este nuevo amanecer que nos repara las fuerzas para iniciar confiadamente nuestras actividades a partir de mañana. Gracias, Señor, porque este día dedicado a ti nos permite reflexionar en tu palabra y las palabras que nos dirigen la profecía de Zacarías, nuestro salmo y el apóstol San Pablo a los romanos. En Zacarías nos anuncian un triunfo y una esperanza de paz. En el salmo 144 nos das palabras de aliento: «el señor sostiene a los que van a caer endereza a los que ya se doblan». Con esas palabras que son de aliento, de esperanza y de consuelo, podemos seguir reflexionando. Quizá una de las causas más profundas de nuestro cansancio sea precisamente la lucha constante por sostenerlo todo. Tu palabra nos recuerda que no estamos llamados a ser dueños absolutos de nuestra vida, sino hijos que aprendemos a confiar. Tú bendices al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. No se trata de una exaltación de la ignorancia ni de un desprecio de la inteligencia. Lo que Tú alabas es la actitud de quienes permanecemos abiertos al don.

Hay un cansancio que nace de nuestra autosuficiencia. Cuando creemos que todo depende de nosotros, terminamos cargando pesos que nunca fuimos llamados a llevar. La humildad consiste en reconocer nuestra necesidad de Dios.

Entre más sencillos y humildes más encontraremos tu amor, aunque algunas veces sintamos el cansancio, el desánimo y el desconsuelo, cuando uno comprendemos plenamente estas palabras tan hermosas: «vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré». Y aquí reconocemos que es necesario llevar el yugo que tú mismo nos ayudes a cargar, pero ante todo teniendo estas actitudes que son propias tuyas: «aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso para sus almas». Gracias, Señor, por estas palabras que hoy nos dan la fortaleza necesaria para saber que tenemos que seguir confiando en ti y a pesar de las dificultades que a veces se van presentando, quizá por nuestras enfermedades, nuestros miedos y debilidades espirituales. Con frecuencia buscamos el descanso intentando cambiar las circunstancias externas. Pensamos que estaremos en paz cuando desaparezcan los problemas o cuando todo salga como esperamos. Pero Tú, nos señalas otro camino. El Espíritu no siempre cambia inmediatamente la realidad que nos rodea; muchas veces transforma primero nuestra manera de vivirla.

Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con otros ojos. La ansiedad da espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial. Así nace la verdadera paz y la confianza en Ti. Verdad si el señor por abrir nuestros corazones y comprender verdaderamente lo que tú quieres hacer en cada uno de nosotros. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén. 

Un muy feliz y prometedor fin de semana y un domingo lleno de amor familiar.

Palabra del Papa

Decía el Papa León XIV a los jóvenes en Madrid: “El joven cristiano, en efecto, se vuelve luminoso tanto en la alegría como en la prueba, dando sabor a la realidad porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana. En cambio, cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva. “Plaza de Lima” (Madrid) sábado, 6 de junio de 2026”

«vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/domingo-14-tiempo-ordinario-5-de-julio-de-2026

1.- Jesús y el Padre. “Yo te alabo, Padre”.  Si algo destacan los evangelistas es esta inefable y misteriosa comunión de Jesús con el Padre. Para Jesús su Padre lo es todo. Se siente fuertemente atraído por Él y es su obsesión, su razón de ser. Por eso le nace la alabanza, la glorificación, el deseo de agradarle en todo. Comenta bellísimamente un famoso pensador cristiano: «Había en Jesús algo íntimo, un «sancta sanctorum”, al que no tenía acceso ni su misma madre, sino únicamente su Padre. En su alma humana había un lugar, precisamente el más profundo, completamente vacío de todo lo humano, libre de cualquier apego terreno, absolutamente virgen y consagrado del todo a Dios. El Padre era su mundo, su realidad, su existencia, y con él llevaba en común la más fecunda de las vidas» (K. Adán).

2.- El Padre y Jesús. “Todo me ha sido entregado por mi Padre”.  El Padre no se ha reservado nada. Si se hubiera reservado algo, Jesús ya no tendría algo que tiene el Padre y, por consiguiente, ese hijo ya no sería Dios.  Cuando Jesús, después del bautismo, escucha una voz del cielo que dice: “Este es mi Hijo Amado en el que me complazco”, Jesús se retira al desierto. No puede contener tanta emoción y necesita serenarse, en el silencio del desierto, para poder vivir esta experiencia de forma creatural.  Jesús es el orgullo del Padre, el único que le hace plenamente feliz.  Y a Jesús lo que le hace feliz es ver al Padre contento. En Jesús se cumplen las palabras del salmo 36: «Sea el Señor tu delicia y él te dará todo lo que tu corazón pide».  Por eso el hacer siempre lo que al Padre le agrada constituye su ley de vida.

3.- Jesús y los suyos. Todo lo que Jesús ha recibido del Padre lo comunica el Señor a los sencillos y humildes de corazón. Y nos invita a descansar en Él. No es lo mismo dormir que descansar. El verdadero descanso lo da la paz del corazón. El niño descansa con su mamá; el esposo con su esposa; y el hombre con su Dios. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón va de tumbo en tumbo mientras no descansa en Ti”. (S. Agustín).  Dios no quiere que vivamos angustiados, desesperados, abrumados.  Es verdad que nuestra vida debe ser una vida de servicio. Ahora bien, un servicio hecho de mala gana genera esclavitud y frustración. Pero un servicio hecho con amor nos da libertad y nos realiza plenamente. Este es el bello mensaje de Jesús que los cristianos debemos vivir para poder comunicarlo a los demás.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.