Ha pasado nuestra primera semana de julio. Hoy es un buen momento para darte gracias por lo que hemos podido realizar y este nuevo amanecer que nos repara las fuerzas para iniciar confiadamente nuestras actividades a partir de mañana. Gracias, Señor, porque este día dedicado a ti nos permite reflexionar en tu palabra y las palabras que nos dirigen la profecía de Zacarías, nuestro salmo y el apóstol San Pablo a los romanos. En Zacarías nos anuncian un triunfo y una esperanza de paz. En el salmo 144 nos das palabras de aliento: «el señor sostiene a los que van a caer endereza a los que ya se doblan». Con esas palabras que son de aliento, de esperanza y de consuelo, podemos seguir reflexionando. Quizá una de las causas más profundas de nuestro cansancio sea precisamente la lucha constante por sostenerlo todo. Tu palabra nos recuerda que no estamos llamados a ser dueños absolutos de nuestra vida, sino hijos que aprendemos a confiar. Tú bendices al Padre porque ha revelado sus secretos a los pequeños. No se trata de una exaltación de la ignorancia ni de un desprecio de la inteligencia. Lo que Tú alabas es la actitud de quienes permanecemos abiertos al don.
Hay un cansancio que nace de nuestra autosuficiencia. Cuando creemos que todo depende de nosotros, terminamos cargando pesos que nunca fuimos llamados a llevar. La humildad consiste en reconocer nuestra necesidad de Dios.
Entre más sencillos y humildes más encontraremos tu amor, aunque algunas veces sintamos el cansancio, el desánimo y el desconsuelo, cuando uno comprendemos plenamente estas palabras tan hermosas: «vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré». Y aquí reconocemos que es necesario llevar el yugo que tú mismo nos ayudes a cargar, pero ante todo teniendo estas actitudes que son propias tuyas: «aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso para sus almas». Gracias, Señor, por estas palabras que hoy nos dan la fortaleza necesaria para saber que tenemos que seguir confiando en ti y a pesar de las dificultades que a veces se van presentando, quizá por nuestras enfermedades, nuestros miedos y debilidades espirituales. Con frecuencia buscamos el descanso intentando cambiar las circunstancias externas. Pensamos que estaremos en paz cuando desaparezcan los problemas o cuando todo salga como esperamos. Pero Tú, nos señalas otro camino. El Espíritu no siempre cambia inmediatamente la realidad que nos rodea; muchas veces transforma primero nuestra manera de vivirla.
Cuando dejamos actuar al Espíritu, comenzamos a mirar con otros ojos. La ansiedad da espacio a la confianza. El miedo deja lugar a la esperanza. La necesidad de control se convierte poco a poco en abandono filial. Así nace la verdadera paz y la confianza en Ti. Verdad si el señor por abrir nuestros corazones y comprender verdaderamente lo que tú quieres hacer en cada uno de nosotros. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Un muy feliz y prometedor fin de semana y un domingo lleno de amor familiar.
Palabra del Papa
Decía el Papa León XIV a los jóvenes en Madrid: “El joven cristiano, en efecto, se vuelve luminoso tanto en la alegría como en la prueba, dando sabor a la realidad porque la habita como una persona que disfruta de la vida en su interior, sin esperar que el gusto se lo den la riqueza, el placer o el poder. Esta es nuestra libertad, que tiene su fuente en la fe, que es capaz de dar luz y buen sabor a toda sociedad, a toda experiencia humana. En cambio, cuando la vida no sabe a nada, es como si nos fuera arrebatada: ya no la sentimos nuestra. Ante el vacío de la indiferencia y del conformismo, ante la violencia de la guerra y de la mentira, sed vosotros mismos chispa de una humanidad nueva. “Plaza de Lima” (Madrid) sábado, 6 de junio de 2026”
