Inicio de nuestro primer lunes de este mes de julio y el nacimiento de un nuevo amanecer, lleno de fe y esperanza, porque nos colocamos en tus manos y te pedimos que todas nuestras obras y acciones lleven siempre tu bendición; lo que iniciamos de palabra y de obra cumpliendo siempre tu voluntad y la voluntad del padre celestial. Señor, en este día tu palabra nos invita a tener actos de fe como la de ese hombre jefe de los judíos que se arrodilla ante ti para suplicarte:” mi hija acaba de morir, pero ven e impón tu mano sobre ella y vivirá”. En un segundo momento esta pobre mujer que sufre por su enfermedad confía silenciosamente en ti. tu palabra es reveladora: «Ánimo hija! Tu fe te ha salvado». Dos momentos de una misma realidad: la fe. Una silenciosa y la otra confiada.
Un momento para pensar: ¿estamos dormidos? Es necesario que tú nos despiertes, que nos cojas de tu mano para despertar a la verdadera vida. Tenemos que acercarnos plenamente a ti para tocar tu manto de fe, Esperanza y caridad para sentirnos totalmente sanos. En cualquiera de los momentos es ponernos en tus santas manos y saber que tú nos ayudas siempre. El primer caso es la fe de la enferma la que cura; en el segundo la niña sale del sueño, no de la muerte.
Ahora, Señor, te damos gracias, porque nos permites asumir con responsabilidad nuestro compromiso de fe; ayúdanos a permanecer de rodillas ante ti, y buscar tu compañía como fuente de gozo y esperanza a lo largo de nuestro camino. Amén.
Feliz y bendecido lunes lleno de fe y de esperanza; de optimismo y de fraternidad.
Palabra del Papa
“El hombre o la mujer que tiene fe confía en Dios: ¡confía! Pablo, en un momento oscuro de su vida, decía: ‘Yo sé bien de quien me he fiado’ ¡De Dios! ¡Del Señor Jesús! Confiar: y esto nos lleva a la esperanza. Así como la confesión de la fe nos lleva a la adoración y a la alabanza a Dios, el fiarse de Dios nos lleva a una actitud de esperanza. Hay muchos cristianos con una esperanza demasiado aguada, no fuerte: una esperanza débil. ¿Por qué? Porque no tiene la fuerza y la valentía para confiarse al Señor. Pero si nosotros cristianos creemos confesando la fe, también guardándola, haciendo custodia de la fe y confiando en Dios, en el Señor, seremos cristianos vencedores. Y esta es la victoria que ha vencido al mundo: ¡nuestra fe! (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 10 de enero de 2014, en Santa Marta).
