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7-oct.-miércoles de la 27.ª semana del T. O.

Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, significa reencontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades

Radiante amanecer, lleno de ternura y de amor, al celebrar en este día las fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Rosario, en la conmemoración la victoria cristiana de Lepanto en 1571 contra los turcos.

Gracias, madre de la ternura y del amor porque al rezar nuestro santo rosario te ofrecemos este ramillete de rosas. En cada una de ellas colocamos nuestro amor, nuestra humildad y sencillez, enseñados por ti madre celestial. 

Hoy en tu palabra, Señor, no solo recordamos a nuestra madre, sino que tenemos en cuenta las palabras que tú nos regalas, especialmente cuando nos enseñas a orar con esa oración tan hermosa que tú nos enseñaste. En ella ponemos nuestro amor al Padre celestial, nuestras necesidades y en nuestra acción de gracias. Ayúdanos, señor, a sentirnos fortalecidos por tu perdón y el de nuestros hermanos en los que tú nos ayudas a no caer en la tentación: tentación del dinero, del egoísmo, de la mentira y la indiferencia. 

Gracias, señor, por enseñarnos a orar desde el corazón y con el corazón. Bendícenos guárdanos y protégenos y danos un Mariano miércoles lleno de buenas obras y acciones a nuestros hermanos. 

El rezo del rosario nace del amor de los cristianos por la virgen en el medioevo. El origen de la camándula se remonta varios siglos atrás, cuando los hermanos que no podían rezar los salmos en latín repetían el Padre Nuestro y el ave María, contando piedritas o granos. Santo Domingo le dio la forma actual, cuyo significado es una corona de rosas ofrecida a la virgen. 

PALABRA DEL PAPA 

Señor, te pido la gracia de saber orar humanamente, no idealistamente; de saber orar simplemente como soy yo. Gracias por querer enseñarme a orar.

Nosotros a menudo rezamos a Jesús, rezamos al Padre, especialmente cuando rezamos el Padre Nuestro, pero no tan frecuentemente rezamos al Espíritu Santo. Es verdad ¿no? El olvidado. Y necesitamos pedir su ayuda, su fortaleza, su inspiración. El Espíritu Santo, que ha animado por entero la vida y el ministerio de Jesús, es el mismo Espíritu que hoy guía la existencia cristiana. La existencia de un hombre, una mujer, que se dicen y quieren ser cristianos. Poner bajo la acción del Espíritu Santo nuestra vida de cristianos y la misión, que todos hemos recibido en virtud del Bautismo, significa reencontrar la valentía apostólica necesaria para superar fáciles comodidades mundanas.
(Homilía de S.S. Francisco, 11 de enero de 2015)

ORACIÓN 

Padre Nuestro, que estás con nosotros. Te alabamos y bendecimos, te pedimos que nuestra vida sea un himno a tu gloria. Guíanos para seguir anunciando tu reino y construir la civilización del amor, aquí estamos para que tu voluntad se cumpla en nuestra vida.
Dale pan al que tiene hambre, pero aumenta en todos, el hambre a Ti y a tu Palabra.
Perdona nuestras faltas, y danos un corazón misericordioso como el tuyo.
Ayúdame a reconocer las ocasiones en las que mis debilidades puedan ofenderte a ti y a mis hermanos, pues reconozco que sin ti no se reconocer y entender mi libertad. Amén 

Reflexión 

Este pasaje bíblico nos hace reflexionar sobre qué tanto queremos imitar al Maestro, no solo en nuestro actuar, sino también en nuestra vida de oración o relación con el Padre.

Te propongo analizar la oración del Padre Nuestro, una oración primeramente de alabanza, y luego de petición. Contiene siete peticiones. Las tres primeras son acerca de nuestra relación con Dios; y las cuatro siguientes de nuestra relación con nuestros hermanos (nuestro prójimo).

• Padre Nuestro, santificado sea tu nombre: saber que Dios no es sólo mi padre, ni el padre de un determinado grupo de personas, de los “perfectos”, los piadosos, los de buena reputación… ¡pues no! Él es padre de todos. Padre del rechazado, del enfermo, del que sufre, del privado de libertad, del injusto y hasta del no cristiano.
o Al ser PADRE NUESTRO, nos hace a todos hermanos.
• Venga a nosotros tu reino: la venida del reino es la realización de todas las esperanzas y promesas. Es la superación de frustraciones sufridas en esta vida terrenal y la construcción de la Civilización del Amor.
• Hágase tu voluntad: creer y confiar en todos sus planes. Aunque en primer momento no comprendamos el porqué de las cosas. Es dejar todo en sus manos.
• Danos el pan de cada día: es confiar en la providencia de Dios. Saber que no se trata solamente del pan de alimento, sino de su cuerpo y sangre en la Eucaristía, y en su palabra.
• El perdón de las deudas: las deudas son nuestros pecados y al ser perdonados significan un nuevo comienzo. Si Dios perdona nuestros pecados y “comenzamos de nuevo» con Él, ¿por qué no puedo “comenzar de nuevo» con mi hermano?
• No caer en la tentación: que el Señor nos recuerde siempre su amor y presencia en nuestra vida; nos ayude a conocer nuestras debilidades, para así evitar situaciones que nos puedan alejar de él. 
• Líbranos del mal: que el Señor nos libre del poder del pecado en nuestra vida cotidiana e ilumine nuestro entendimiento y voluntad para siempre escoger el bien.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.